miércoles, 23 de noviembre de 2016

El que muere paga todas sus deudas



No estoy de acuerdo con que se banalice la muerte de ninguna persona (la palabra ‘persona’ no incluye a los terroristas ni a los asesinos). Hoy no estoy de acuerdo, por ello, con la gente que, de alguna manera, celebra la muerte de Rita Barberá. Como escribió Shakespeare en La tempestad: «El que muere paga todas sus deudas», así que no debemos cebarnos con los que no están aquí. Pero lo cierto es que tampoco estoy en desacuerdo con la gente que se niega al homenaje póstumo. Que no enaltecer a alguien no es lo mismo que alegrarse de sus desgracias. Y he aquí la doble moral. Susana Díaz ha dicho: «cuando fallece una persona lo único que me sale es el respeto y las condolencias a su familia». Respeto y condolencias… Eso es justamente lo que me sale a mí cada vez que desahucian a alguien, cada vez que le cortan la luz a alguna persona (y muere quemada al calor de las velas), cada vez que recortan las pensiones, cada vez que recortan en sanidad y en educación, cada vez que bajan los sueldos y suben el IVA, ¿no merece eso, acaso, su respeto y sus condolencias? Acabo con Cospedal, que ha dicho, entre otras cosas: era «una gran española» —supongo que como todos, ¿no? Eso nos dijo Rajoy: «los españoles sois muy españoles y mucho españoles»—. Una gran española… ¿Qué será ser un gran español?, me pregunto. Yo, ciertamente, prefiero que a mi muerte digan de mí que fui una gran persona. Una gilipollas, pero una gran persona.

EmeCé Bernal, El que muere paga todas sus deudas